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La Carballeira de Zas demostró su alto poder de convocatoria


Hace muchos años (con 28 ediciones, esto ya se puede decir con propiedad), la Festa da Carballeira tuvo que pelear para hacerse un hueco en el panorama folk gallego y prácticamente nacional. Consolidado ese puesto varios lustros atrás, con la confianza que dá tener legiones de seguidores fieles que abrazan los carteles aún sin saber quiénes son exactamente algunos de los grupos invitados, su único enemigo es la lluvia. No tanto la que cae, como ha pasado tantas veces (hace dos años, por ejemplo) como la que puede caer y, finalmente, no lo hace.
Y esto fue lo que ocurrió el sábado. Lució una noche casi estrellada, el suelo no estaba enlamado (la entrada, un poco), la música encantó y sorprendió, pero los augurios de la mañana dejaron en sus casa, o en otros lados, a potenciales espectadores. Lo reconocía ayer la incombustible Lupe Nieto, presidenta de la asociación Castro Meda, la entidad organizadora. Si en años anteriores se podía hablar de unas 10.000 personas que fueron pasando por Velar, en esa ocasión reconoce que tal vez la cifra más adecuada ande por las 7.000. Números mayores, pero que rompen una racha ascendente y que impiden ver la foto de abarrotes que, curiosamente, se imaginaban al tratar de aparcar a ciertas horas: lleno por todas partes.
En cuanto a la música, sonó como una alfombra que se va desenrollando poco a poco. Tras los buenos entrantes habituales de la música tradicional, los gallegos Coanhadeira comenzaron a animar. Los vascos de Korrontzi embelesaron. Por su música, que tiene un aire (para los no entendidos) a Kepa, y por su puesta en escena, con esos 35 bailarines que se iban rotando en el escenario y que fueron el mejor acompañante de una música optimista y evocadora. Y muy aplaudidos, lo mismo que los irlandeses de Four men and a dog, banda que también recuerda a otros grandes grupos de la isla e incluso de otras zonas del arco celta, con oficio y calidad.
Nada que ver, desde luego, con los encargados del cierre de la fiesta, hasta que las agujas del reloj pasaban de las 5.00: Los Festicultores, un grupo al que, en las crónicas, se suele calificar de irreverente, y que practican un estilo que ellos mismos, una y otra vez, califican de sadomusiquismo. Un juego de palabras que, a la vista de su iconografía y vestuario, no deja lugar a dudas, plagado de cuero, correas, máscaras, torso al viento, poses escatológicas y cándidas letras que, por ejemplo, califican los distintos tipos de pubis. La troupe incluso animó, en dos ocasiones, a voluntarios del público a que se unieran a su espectáculo.
Algo diferente a lo habitual, pero que anima a esas horas en las que la mañana ya aparece cercana, minutos en los que los músicos no están precisamente para competir con trofeos como The Macallan, sino para hacer que la tierra se mueva.
Nieto estaba ayer moderadamente contenta. Por la música y, sobre todo, por el público. (La voz de Galicia)


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