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Gilberto Gil deleita junto a una orquesta sinfónica a Río de Janeiro


Innovar dando relieve a lo tradicional o globalizarse reivindicando lo local no son actividades necesariamente contradictorias. Lo demostraron en Brasil, en su día, los innovadores tropicalistas y volvió a dar una lección ayer uno de sus mayores exponentes, Gilberto Gil, en el Teatro Municipal de Rio de Janeiro, emblemático edificio del centro carioca construido en 1909 inspirándose en la ópera de París.
Gilberto Gil
Capaz de versionar a Jimi Hendrix o a Luiz Gonzaga (uno de los mayores exponentes de la música tradicional del nordeste de Brasil) aunque mayoritariamente con temas propios, el que fuera ministro de cultura durante el mandato de Lula ofreció un espectáculo solemne en un lugar privilegiado donde grabó el DVD que será lanzado próximamente.
Como bien describió el propio Gilberto antes del concierto, se presentó acompañado de instrumentos de "primera, segunda o tercera generación". Lo mismo arrancaba 'Domingo no parque' tocando el berimbau, arco musical de cuerda utilizado en las danzas de capoeira, como se elevaba con efectos electrónicos en 'Futurível', cuya letra asegurando que "la felicidad está hecha de metal" evoca en cierto modo a Alberto de Campos, heterónimo de Fernando Pessoa (difícil que un cantante portugués o brasileño no se vea salpicado por su influencia) más industrial o urbano. Esta canción, como él mismo explicó, la compuso Gil durante una época en la que, preso por la dictadura militar, uno de los captores le prestó una guitarra que tenía en su casa.
Como si él mismo tuviese también diversos heterónimos, el propio Gil dejaba de evocar el futuro para remontarse a las raíces de su música cantando a clásicos como el fallecido Dorival Cayumni y su 'Saudade da Bahía' (donde nacieron ambos) de los años 50 y alternó la intimidad y la desnudez de su banda con la épica de la orquesta y los ritmos más tribales con tradicionales instrumentos de percusión.
A sus 69 años (cumplirá 70 en junio) y con más de 50 de música a sus espaldas, Gilberto no pareció acusar el paso de los años en un concierto donde emocionó tanto a la audiencia como a sí mismo, pues se le saltaron las lágrimas en algún agradecimiento.
Al público también se le pudieron saltar o bien con la ascensión épica de 'Domingo no parque' levantada por sus 'heee' y por la totalidad de la banda con una intensidad que firmaría Arcade Fire o bien con la intimidad de una 'Eu não tenho medo da norte' cantada casi a capela con su voz más ronca y tono tétrico, con apenas algunos acordes de guitarra y una suave percusión tocada por él sobre la madera de la misma.
Los versos de la canción sirven para resumir la mezcla entre existencialismo y humor que se vivió durante el tropicalismo, si bien se trata de un tema reciente, compuesto por el músico en Sevilla, en 2008. "No tengo miedo de la muerte / pero sí de morir / cuál es la diferencia / usted se preguntará / es que la muerte ya es después / de yo dejar de respirar / y morir aún es aquí / en la vida, en el sol, en el aire / aún puede haber dolor o ganas de mear".
Una canción que, como el resto del repertorio, se podrá ver en Vitoria el próximo 19 de julio, su única visita prevista a España coincidiendo con el festival de jazz que tiene lugar en la ciudad alavesa. (El Mundo)


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