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El folk nunca estuvo en el campo semántico de lo rancio o conservador


Quico Comesaña, bouzouki, mandolina y arpa céltica, uno de los siete compositores que forman Berrogüetto, se bajó un día del escenario y dijo a los compañeros que lo dejaba. "Sostenía que acababa de perpetrar un concierto calamitoso, que no había dado una a derechas. Luego repasamos las cintas de aquel concierto y contabilizamos tres notas erróneas en dos horas y pico de música en directo".
"La presencia de la voz en la música folk se ha resuelto, hay buenos ejemplos"
"Casi todos tienen proyectos paralelos, pero saben cuál es la nave nodriza"
"Tras la ruptura de Matto Congrio, atamos cabos para domesticar los egos"
"Enésimo' se puede leer aplicado a un gaiteiro, jamás a una promesa del cante"
La historia, hacia adelante y hacia atrás, está contada por primera vez en O pulso da terra, biografía autorizada pero libre de la banda que excedió los márgenes del folk gallego, a contar desde Navicularia (1996). Una panorámica personalizada de la música de raíz en Galicia, desde el bum de los 90 hasta el actual Kosmogonías. En la entrevista apresurada comparecen el autor, Fernando Neira, colaborador de EL PAÍS, y Anxo Pintos, ideólogo de la banda más asamblearia del folk gallego.
Pregunta: Qué confluye hasta llegar a O pulso da terra?
Anxo Pintos: Tenemos la suerte de contar en nuestra vida con una mujer llamada Beatriz Rodríguez Fontán. Fue a ella a quien se le ocurrió la feliz idea de celebrar así los 15 años de Berrogüetto. A partir de ahí, las cosas vinieron rodadas. En la mente de todos estaba Fernando Neira para escribirlo, si bien pensamos que sería difícil convencerlo.
Fernando Neira: Por mi parte subyace un fondo biográfico personal, una especie de necesidad emocional de aportar un grano de arena en el ámbito de la biografía cultural gallega. Me molestaba pensar en un libro hecho desde el compadreo; en este caso podría ser un libro que naciese desde el respeto y la admiración mutua. No fue un trabajo tutelado en ningún sentido.
P. Es el relato más completo de la escisión de Matto Congrio, el proyecto compartido con Carlos Núñez hasta 1995.
A. P. No se pormenoriza en exceso, pero sí se habla de ello.
P. Costó tanto cicatrizar la herida?
A. P. Lo que sucedió con Matto Congrio... Estamos hablando de una relación personal que viene de la infancia. Cuando se produce la ruptura es como si un inmenso iceberg se pulverizase. Son heridas emocionales que lleva tiempo cerrar, pero de las que uno normalmente sale fortalecido. Y con cierto escepticismo a la hora de fabricar otra vez un escenario de confianzas y complicidades. Esa manera tan traumática de deshacer un grupo también provoca que lo que nace después no recorra la misma senda. Por eso atamos cabos desde un principio para que los egos estén suficientemente domesticados. Lo importante es el colectivo.
P. Cómo se van decantando en el sonido Berrogüetto influencias y proyectos individuales tan dispares?
A. P. Lo común, a pesar de las diferencias, es el cerne a partir del cual nos abrimos para captar todo lo bueno. Para mí estaba todo ese Estado de Misisipí de la gaita, las Rías Baixas, por ejemplo. Todos esos grandísimos grupos y solistas de gaitas, Ricardo Portela y Os Campaneiros por una parte, bandas como Milladoiro, un poco menos Fuxan os Ventos. Todo el folk que se hacía más allá de nuestras fronteras, Planxty, Moving Hearts, todos los bretones y la música de los países del este. Si la pregunta es por qué duramos tanto, teniendo en cuenta que un contrato discográfico estándar son cinco discos, 10 años, eso es que los telómeros colectivos del genoma Berrogüetto son más longevos de lo habitual (ríe).
F. N. Desde fuera, la sensación es que aunque gran parte de los músicos de Berro tienen proyectos importantes en solitario o con otros músicos, todos ellos tienen claro que la nave nodriza sigue siendo Berrogüetto. Podrán hacer cosas buenas, complementarias e ilusionantes, pero nunca tendrán un caparazón como el que tienen para desarrollar todo su potencial.
P. Siempre ha criticado el respeto genérico hacia el flamenco y la falta de distingos con otras músicas de raíz.
A. P. Fue una circunstancia concreta, una vez que fuimos a Madrid para hacer promoción. Leí en un periódico algo así como 'el enésimo gaiteiro que viene del Norte'. Ese comentario jamás se escribiría para glosar a un nuevo talento de la guitarra o del cante. La palabra 'enésimo' jamás se empleará para hablar de flamenco, y eso demuestra que la balanza no está equilibrada.
P. Para explicar por qué costó tanto, en el ámbito folk, llevarse bien con la música ligera o integrar voces, se aduce a veces un excesivo respeto por la tradición.
A. P. El folk nunca estuvo en el campo semántico de lo rancio o lo conservador. Es un género tremendamente contemporáneo, más que el rock, si me apuras. Sobre las voces, quizás el problema es que uno está un poco preso conforme a lo que es su formación. Si eres instrumentista y tienes referentes de éxito como Milladoiro, una propuesta instrumental que triunfa, te preguntas: es posible hacer un grupo sólo con gente que toca instrumentos, sin necesidad de voz? Sí, es posible, entonces te lanzas a la aventura. En un momento determinado de la historia, encuentras la necesidad de que entre en liza toda esa otra parte. Primero entraron las pandereiteiras y una voz solista [Guadi Galego] con letras que no sólo hablaban de lo que atiende al mundo rural. Y hoy en día tenemos muy buenos ejemplos de cómo se puede resolver la presencia de la voz en la música folk.
P. Dónde radica hoy la potencia de Berrogüetto?
F. N. Después de dos primeiros álbumes sensacionales, podía haber habido un cierto amoldamiento o acomodación. Ahí Kosmogonías se convierte, por una concatenación de elementos determinada, en una revitalización sensacional del grupo. Yo creo que se produce una especie de conjunción de estados de ánimo, de reivindicación de los siete como colectivo e individualidades, una forma de decir 'vamos a recordar a nuestra gente quiénes somos y lo que somos capaces de expresar'. Kosmogonías es un canto de autoafirmación que admite la multiplicidad de escuchas. El vanguardismo de Berro reside en una minuciosidad extenuante, en eso radica su auténtica esencia, y ellos lo saben. Por eso les dan tantas vueltas a todos y son poco prácticos. Pueden invertir una tarde en decidir qué instrumento debe prevalecer en un arreglo. (EL PAIS)


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