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En busca de la gaita del tío Tiburcio


A punto de perderse. Cuando el etnógrafo Javier Asensio comenzó a recopilar y recoger en 1986 las distintas formas de la tradición oral de nuestros pueblos, este legado se encontraba casi moribundo. Gracias a él y a Helena Ortiz, de la asociación Espiral Folk, han recuperado acertijos, adivinanzas, trabalenguas, bailes, canciones, leyendas, romances, romerías, supersticiones y todo aquello que tenga que ver con el patrimonio cultural inmaterial de nuestra tierra. Todo comenzó el día de la Virgen de agosto cuando Javier Asensio encontró la afamada gaita del tío Tiburcio en Viniegra de Arriba.
A partir de aquí, utilizaron para recoger los testimonios la tecnología entonces dominante: las grabadoras de cinta y luego de mini-disc. «Cuando empezamos no podíamos imaginar la existencia de Internet y sus posibilidades», explica Asensio quien incide en la paradoja que se produce al utilizar la tecnología más avanzada con lo más frágil: la gente mayor va desapareciendo de los pueblos. Como recogen en su web, desde la Edad Media y unidas al lenguaje de sus habitantes, circulan dichos, romances, cuentos, oraciones, leyendas y un largo etcétera que conforman lo que venimos llamando cultura oral y que han sido elaborados y reelaborados a lo largo de los siglos entre el pueblo llano que ha sabido conjugar la tradición con la creatividad. Aún nos sorprende a todos que en el habla de los hombres y mujeres de nuestro medio rural se mantengan términos específicos que ya aparecen en la documentación medieval. Lo mismo podemos decir de las distintas manifestaciones del folklore y la etnografía. Viejas costumbres que se han mantenido durante siglos como las danzas, los bailes, las romerías, las creencias religiosas, las prácticas supersticiosas, el cancionero vinculado a los ciclos anuales y a los ciclos vitales del ser humano.
En definitiva, «el patrimonio inmaterial de una cultura que, como su nombre indica, no se sustenta en un objeto sino que permanece flotando en el aire, suspendido en el frágil hilo de la memoria colectiva e individual, memoria que es necesario, hoy más que nunca, conocer y divulgar».
Las nuevas tecnologías nos acercan los viejos testimonios. Desde la Asociación «ponemos nuestros fondos al servicio de la sociedad riojana, de la comunidad científica hispana y del sistema educativo con el fin de preservar y difundir nuestro patrimonio».
Un paseo por la página web da cuenta del esfuerzo invertido y muchas veces poco agradecido. Para que el trabajo no se quede en una web que despierte o no el interés del internauta, sus progenitores envían, cuando han recopilado unos diez testimonios, cientos de correos electrónicos a gente interesada. De esta manera, pasado, presente y futuro se dan la mano gracias a las nuevas tecnologías. (larioja.com)


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