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Muere el legendario Earl Scruggs


Si el gitano Django Reinhardt revolucionó la forma de afrontar el jazz con una guitarra, Earl Scruggs hizo lo propio con el banjo y el bluegrass, ese subgénero bastardo y enloquecido del country nacido en la cordillera de los Apalaches. Tras influenciar a varias generaciones de banjistas, colaborar con los gigantes del folk y contribuir a que el bluegrass se deshiciera de esa reputación de parodia para paletos de la montañas, Scruggs murió el miércoles en un hospital de Nashville a los 88 años por causas naturales. Era posiblemente el banjista más importante de la historia de EE UU.
Earl Scruggs, en una fotografía fechada en el año 1982. AP / MARK HUMPHREY

Nacido en 1924 en una granja de Carolina de Norte, en el seno de una familia numerosa plagada de músicos, Scruggs empezó a tocar el banjo con solo 4 años, coincidiendo con la muerte de su padre. A medida que la Gran Depresión cambiaba el país, Scruggs se las ingenió para transformar también la forma de tocar el banjo. En lugar de acompañarlo con dos dedos, le añadió un tercero (pulgar, índice y corazón), una técnica que le sirvió para enriquecer el espectro cromático del instrumento e insuflar velocidad a las melodías, al tiempo que marcaba el ritmo con el pulgar.
Fuera o no una invención suya, fue él quien popularizó este estilo hasta convertirlo en la norma para los banjistas de country y bluegrass.
FUSIÓN DE MÚSICA AMERICANA /Su carrera despegó tras el final de la segunda guerra mundial. Siendo todavía un veinteañero, se unió a los Blue Grass Boys, la banda de Bill Monroe, a quien todo el mundo atribuye la paternidad del bluegrass, un género descrito por un crítico del New York Times como «una fusión de la música amEricana: armonías de gospel, violines celtas, blues y folk e improvisaciones con ecos del jazz».
Solo tres años después, en 1948, abandonó el barco para crear junto al guitarrista Lester Flatt los Foggy Mountain Boys.
La sociedad se prolongó durante 21 años y produjo algunas de las tonadas más populares del bluegrass, como Foggy mountain breakdown, utilizada en Bonny and Clyde (1967) o The ballad of Jed Clampett, que abría la serie de televisión Los nuevos ricos. Habitual ya por entonces del Grand Old Opry, la cita radiofónica semanal en Nashville de las leyendas del country desde el año 1925, fueron muchos los que requirieron los servicios de Earl Scruggs.
No debió ser fácil. En pleno auge del folk como altavoz izquierdoso del descontento político de los jóvenes con la guerra de Vietnam y segregación racial, Scruggs colaboró con Dylan, Joan Baez o The Byrds, una traición para los puristas del country y el Nashville conservador.
JOAN BAEZ, UNA HERMOSA VOZ / Al preguntarle una vez por qué había colaborado con Joan Baez, madrina del progresismo contracultural, respondió: «No me lo planteé desde un punto de vista político. Solo pensé que Joan Baez tenía una de las voces más hermosas que jamás había escuchado».
Esa misma disposición a romper con las convenciones la reafirmaría más tarde colaborando con Elton John o Ravi Shankar. «Fue un hombre que derritió los muros y lo hizo sin decir tres palabras», dijo hace unos años su amigo, el músico de country Marty Stuart. Scruggs era un hombre reservado que hablaba poco pero la prensa estadounidense lo despidió ayer como se despide a los hitos legendarios. Su nombre es indisociable a la historia del bluegrass.(El Periódico)


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