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The Chieftains ofrecieron una lección de sabiduría y diversión ante unas 6.000 personas en Bilbao


Los irlardenses siempre han tenido la maleta a mano. Por si acaso. Y The Chieftains, los Rolling Stones del folk celta, siguen pegados a ella en el último medio siglo, aunque ya no por motivos políticos o de hambruna. Su afán viajero tiene como fin exportar la música de Irlanda, como hicieron en Abandobairra en un recital tan sabio como divertido. Además, en sus maletas trajeron el aire de la música gallega, cubana, bluegrass, blues, rock, de cámara o mexicana. Faltó la vasca. Uno de sus múltiples colaboradores lo resumió gráficamente. "Son unos fieras", dijo.
Al frente de The Chieftains, el grupo irlandés de folk más popular, volvió a elevarse como maestro de ceremonias Paddy Moloney desde el arranque del concierto, plácido y lírico, con San Campio, tema de su reciente San Patricio, tributo a los irlandeses que lucharon con los mexicanos en su guerra contra EE. UU. Moloney, aitite cuyas palabras siempre son un regalo, apareció flanqueado por Sean Keane (violín), Matt Molloy (flauta) y Kevin Connef (voz y bodhran), y múltiples colaboradores venidos de USA, Canadá, Escocia, Madrid…
Esa apertura a otros ritmos, aunque siempre con los pies asentados en el folk celta, es una de las virtudes de Moloney y cía. Lo demostraron cuando Connef cantó a capela un "aire" irlandés y lo unió con una muñeira de ritmo ¡cubano! Lo que había empezado con un silencio respetuoso se había transformado en fiesta -apuntalada con los zapatazos vertiginosos de tres irish dancers- en minutos.
Con sabiduría, alternando el repertorio propio y el "contaminado" de otras latitudes de sus colaboradores, Moloney se mostró vacilón -"soy de Dublín, la mejor ciudad del mundo", dijo, aunque una bilbaina votó por el botxo- y didáctico, explicando cada tema, sus peculiaridades o el orgullo que supone recorrer el mundo con "esta música y bailes durante 50 años". Las tonadas celtas, frenéticas en los reels, pronto encontraron respuestas en las palmas y bailes del público y entre ritmos bluegrass, cantados por la violinista Deanie Richarson; la mouth music de Escocia interpretada por Alyth McCormath; o la ensoñación de cámara del arpa, que recordó a los más fans al fallecido Derek Bell.
Los irlandeses hicieron un guiño al Satisfaction de sus amigos Rolling Stones entre un puente flamenco, y en su paseo plurilingüe y variado, demostraron su sapiencia con guiños a Québec, remarcados por los bailarines, que hicieron diabluras ¡sentados!; a México en March to the battle; o a los sonidos del Cantábrico de su CD Santiago, con presencia de gaiteros ¿gallegos o asturianos? Solo faltaron la txalaparta y la triki en una fiesta marcada por las cadenetas, las risas -demasiadas en Guadalupe- y los "solos" finales. El sentimiento de los 6.000 asistentes lo resumieron Boy of Hill. "Aquí estamos, acompañando a estos fieras", dijo. Chieftains todavía arañan... de placer. (Deia)


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